En un sector donde la estética evoluciona a la velocidad de las tendencias digitales, Sabrina Martinezova ha decidido ir más allá de la moda para construir un concepto propio: la arquitectura de la mirada. Desde Murcia, su ciudad de origen, ha levantado una marca que hoy se mueve entre Madrid y Miami y que empieza a mirar también hacia Manhattan.
“La mirada es identidad, es cómo nos presentamos sin hablar. Y cuando una persona se siente alineada con su imagen, su autoestima se eleva de forma natural”, destaca.
Su historia no nace de una estrategia milimetrada, sino de una intuición. En ese proceso detectó algo que cambiaría su rumbo profesional: mientras otros ámbitos de la belleza contaban con espacios altamente especializados, “realmente era difícil encontrar un lugar que solamente se enfocara en la mirada o en cejas exclusivamente”. Así nació Tinezzova, primero como nombre artístico y, con el tiempo, como marca con identidad.

Para ella, las cejas no son un detalle menor. “Me atrevo a decir que las cejas son la parte más importante del rostro; es la zona que nos da expresión, nos muestra si estás enfadada, triste o sorprendida”. Esa convicción la llevó a imaginar un espacio propio donde cada diseño partiera del análisis del rostro y no de un patrón estándar.
FORMACIÓN INTERNACIONAL
Su formación ha sido clave en esa construcción. Viajó sola a São Paulo en su primer viaje internacional de aprendizaje, una experiencia que define como “un antes y un después”. Salir de su zona de confort le dio perspectiva. “Latinoamérica me aportó técnica y precisión. Miami, hasta el día de hoy, me aporta visión, mentalidad empresarial, el concepto de que todo es posible y no hay que ponerse frenos”.
En Colombia y Brasil, países pioneros en técnicas de belleza avanzada, encontró innovación y rigor. En Miami aprendió a pensar en grande. “Si puedes soñarlo, puedes lograrlo”, resume, trasladando esa mentalidad a su proyecto. Esa combinación de técnica latinoamericana y visión estadounidense le ha permitido adaptar su trabajo a contextos distintos. “No es lo mismo trabajar en Miami que en Murcia; el concepto es diferente”, señala, subrayando la importancia de la versatilidad cultural y estética.
La consolidación de su marca ha pasado por decisiones estratégicas. “Entender que no estaba construyendo solamente un estudio de belleza, sino crear una marca con identidad y visión” fue, en sus palabras, el paso determinante. El concepto de arquitectura de la mirada define su propuesta: protocolos convertidos en rituales, experiencia personalizada y un posicionamiento diferencial en un mercado saturado.

Murcia fue el punto de partida y el laboratorio donde implementó su modelo con buena acogida. Madrid le exigió excelencia en atención al cliente y la llevó a colaborar con centros de referencia como Beldon Beauty. Miami reforzó su mentalidad empresarial. Y ahora, confiesa, tiene en mente una nueva plaza: Nueva York, “aunque prefiero decir Manhattan”, comenta con una sonrisa, recordando que, curiosamente, todas las ciudades clave en su trayectoria empiezan por la letra M.
Más allá de la técnica, su trabajo tiene una dimensión emocional que ha marcado su carrera. Muchas clientas llegan para embellecer, otras lo hacen tras procesos médicos como quimioterapia o alopecia. “No somos conscientes de la importancia que tiene hasta que pierdes tu ceja”, afirma. Al entregar el espejo tras un diseño o una micropigmentación, el impacto es inmediato: “Ver esa sonrisa, ese ‘wow’, esas lágrimas… ese momento no tiene precio”.
Con el tiempo, ha entendido que su misión no es transformar rostros, sino potenciarlos. “Nuestro trabajo no es cambiar a nadie, sino potenciar lo que ya existe”, subraya.
De cara al futuro, su ambición es clara. “Veo TZ como una marca internacional”, con línea de producto propia y el concepto de “Brow Boutique” consolidado. Pero hay algo que no quiere perder: el contacto directo con las clientas. “No quiero ser solo la fundadora. Quiero ser la arquitecta de un sistema que pueda crecer sin límites”.