María Dolores Bolarín: «Mi vida ha sido el asociacionismo»

La presidenta de ANAEDE Murcia y fundadora del Centro Cultural de la Mujer de San Antolín repasa su trayectoria en la política y el asociacionismo con motivo del aniversario de la entidad

«Yo a muchas mujeres les digo: hay tiempo». María Dolores Bolarín tiene su propia historia para explicarlo. Fue diputada del Partido Popular por Murcia en tres legislaturas y preside la asociación Anaede Murcia, desde donde acompaña a empresarias, profesionales, directivas y ejecutivas. Cuando sus hijos ya eran mayores y su vida estaba volcada en el asociacionismo, una conversación inesperada con Ramón Luis Valcárcel la puso ante una posibilidad que nunca había contemplado: ir al Congreso de los Diputados. Recuerda la sorpresa y todo lo que tuvo que aprender después. También la satisfacción de haber desarrollado una carrera política que llegó cuando otras personas empiezan a pensar que las oportunidades ya han pasado. Por eso, cuando habla con mujeres que han pospuesto sus inquietudes por la familia, les insiste en que no se desanimen.

Pero mucho antes de ocupar un escaño había empezado a reunir a mujeres en un pequeño taller de pintura en San Antolín. Aquel grupo fue creciendo hasta convertirse en el Centro Cultural de la Mujer que fundó y sigue presidiendo, con más de 1.500 inscritas. Su próximo aniversario, que celebran este jueves a las 18:30 horas en el Centro Municipal García Alix, nos lleva a conversar sobre su trayectoria, las mujeres que encontraron allí una oportunidad para estudiar, compartir inquietudes o dedicar una hora a sí mismas, y sobre lo que la sigue motivando después de tantos años de trabajo.

Su trayectoria une el trabajo asociativo, la política y el apoyo a las mujeres empresarias. ¿Por qué comenzó este camino?

Cuando dejé mi trabajo tenía tres niños y encontré un vacío social dentro del distrito. Hablaba con otras madres en el jardín y pensé que había que hacer algo. Estoy hablando de 1986, un momento que no tiene nada que ver con el actual. Las mujeres empezábamos a despegar, pero no con la fuerza que tenemos hoy. Vi la necesidad de ofrecer algo a quienes no tenían un horario de trabajo fuera de casa, además de todo el trabajo que teníamos como madres y amas de casa.

¿Cómo fueron aquellas primeras reuniones?

Empecé en un cuartito pequeño con un taller de pintura. Yo había estudiado Historia del Arte y venían cinco o seis mujeres. Allí vi que había necesidad de hacer más cosas. Empecé a llamar a personas que conocía para que vinieran a dar conferencias. Una profesora mía estaba haciendo su tesis doctoral sobre Muñoz Barberán y él, aunque ya era muy mayor, también vino. La trayectoria fue empezar así, poquito a poco. Al mes teníamos cincuenta personas.

«Había mujeres que gracias a una clase que empezamos de cultura general hicieron el acceso a la universidad»

¿Qué necesitaban las mujeres del barrio?

Necesitaban un sitio, un espacio donde ellas poder realizarse. Había mujeres que, gracias a una clase de cultura general que empezamos, hicieron el acceso a la universidad. Fuimos incorporando educación física, talleres de inglés, conferencias y salidas culturales. Veías cómo iban creciendo personalmente y eso te hacía seguir adelante.

Durante los primeros años os reunisteis en el salón parroquial.

Don Silvestre, el párroco de San Antolín, me decía que debía seguir y yo le respondía que aquello era mucho trabajo. Él creía que habíamos empezado una labor importante. Los primeros diez años estuvimos en el salón parroquial. Te vas metiendo, ves las ganas con las que vienen, cómo agradecen las actividades y cómo se realizan. Eso me hizo seguir, con mucho esfuerzo y mucha ilusión. Poco antes ni me había imaginado que iba a estar metida en este fregado.

¿El centro nació ya como un centro de la mujer?

No. Había otros y nosotros, al principio, fuimos un centro de cultura popular. Por cuestiones burocráticas no pudimos ser oficialmente centro de la mujer hasta 2001. Pero aquello iba creciendo. Conseguimos un bajo en la calle Mayoresas, después otro en Pintor Sobejano y, finalmente, llegamos al centro municipal García Alix. Fue un trabajo también con el Ayuntamiento de Murcia. Tengo que agradecer que los representantes de las instituciones creyeran en el proyecto, aunque al principio no fuera así.

«Necesitaban un espacio donde ellas pudieran realizarse»

¿Cuántas mujeres han llegado a formar parte de él?

En los primeros diez o quince años éramos unas trescientas o trescientas y pico. Ahora tenemos dadas de alta unas 1.500. Cada año presentamos al Ayuntamiento los datos y la memoria de actividades. Tenemos una subvención pequeña y, con las cuotas de las socias, podemos ir haciendo las actividades que nos demandan.

¿Qué ofrecéis hoy?

El abanico es muy amplio. Acabamos de terminar un curso de educación postural, tenemos clases de inglés, de memoria, un taller de lectura que funciona de maravilla y en el que participan más de veinte personas, pintura, cinefórum y presentaciones de libros. Por aquí han pasado Nieves Herrero, Carmen Posadas, Belén Junco, Esperanza Aguirre o Ana Pastor, para dar conferencias o presentar sus libros. Vamos organizando las actividades según la demanda.

¿Hay alguna historia que te haya hecho comprender especialmente el valor de ese trabajo?

Siempre cuento una anécdota. Un día vino el hijo de una señora a darme las gracias porque, desde que su madre participaba en las actividades, había cambiado mucho. Agradecían ese cambio porque ahora podía comentar con ellos las noticias del telediario. Son esas cosas. O que una mujer prepare el acceso a la universidad a una edad en la que pensaba que ya no podía hacerlo. La respuesta de ellas es lo que te hace ver la importancia de este trabajo.

Las mujeres que acuden ahora tienen una formación y una vida profesional distintas. ¿Qué siguen encontrando allí?

El cambio social ha sido grande. Ahora vienen funcionarias, licenciadas en Medicina, en Derecho, mujeres que han llegado a puestos importantes. Pero siguen necesitando esa hora para ellas, a pesar del trabajo y de la vida familiar. Hablar con las compañeras, contar su día a día de una manera distinta de como lo hacen en casa. Ese espacio sigue siendo muy importante.

«Yo nunca imaginé que iba a ir al Congreso con casi 60 años»

También mantenéis una actividad vinculada al 25 de noviembre.

Sí. Nos sumamos a los actos institucionales, pero desde hace muchos años organizamos también un acto en la plaza. Leemos el manifiesto en la calle y después hay música. Es una actividad que llevamos tiempo celebrando.

Tu trayectoria te llevó después al Congreso. ¿Cómo llegó esa oportunidad?

La primera sorprendida fui yo. Mi vida ha sido el asociacionismo. En 2008, al entrar en la misa funeral del padre de Miguel Ángel Cámara, me encontré con Ramón Luis Valcárcel y me dijo, de sopetón, que me iba a poner en unas listas. Yo no tenía ni idea de lo que significaba. Hasta entonces lo que había hecho era ayudar socialmente a la gente, de forma altruista. Después, cuando entré en el Congreso, tuve que aprenderlo todo.

¿Cómo recuerdas esa experiencia?

Fue una experiencia preciosa. Estuve en tres legislaturas, una completa y dos no completas. Cuando llegas allí eres un número, vayas en el puesto que vayas en las listas, y tienes que demostrar lo que haces. Yo pensaba que, si me habían puesto allí sin haberlo pedido ni haber ido detrás de nadie, sería por algo. Me dieron mis comisiones y tuve que aprender.

«A las mujeres jóvenes les diría que crean en ellas y que nunca se desanimen. Que si lo creen, lo van a conseguir»

¿Qué pudo resolver desde la política y qué le resultó más difícil cambiar de lo que esperaba?

Trabajamos mucho por las mujeres y por la igualdad. Me preocupaban las pensiones de viudedad: que una mujer se quedara viuda y, de un día para otro, tuviera menos ingresos, pero siguiera con los mismos gastos, los niños en el colegio, la cesta de la compra o la luz. Había que hacer un reparto más equitativo. También trabajamos en la protección de los niños. En política social se hizo mucho trabajo.

¿Y cómo nació ANAEDE y cual es su objetivo?

Nació de unas comidas que organizábamos con mujeres. Un día, después de una de ellas, nos fuimos unas cuantas a mi casa, entre ellas mi compañera del Congreso María Jesús Bonilla. Pensamos que todo el potencial que habíamos escuchado en aquella mesa tenía que salir a la luz. Eran mujeres con mucho talento y nuestro objetivo era dar visibilidad a sus proyectos. Por eso hacemos encuentros de networking: se conocen, surgen relaciones y les está viniendo muy bien. También hemos impulsado con la UCAM la Cátedra Internacional de Mujer, Empresa y Deporte.

¿Qué preocupa hoy a las empresarias y profesionales con las que trabajáis?

Las autónomas y las pymes están muy preocupadas por los impuestos. Los trámites burocráticos también les cuestan mucho. Desde la asociación las ayudamos a que las instituciones las reciban y conozcan sus proyectos. Estamos pendientes de una reunión con el consejero de Empleo para ver vías de colaboración. Son mujeres muy emprendedoras, con mucho potencial, y merece la pena dar a conocer su talento. Organizamos una Feria de las Ideas para que la gente pueda conocer lo que hacen.

«Cuando me dicen, “gracias, María Dolores”, es mi mayor satisfacción»

Después de tantos años defendiendo la participación de las mujeres, ¿qué le gustaría decirles a las más jóvenes?

Les diría que crean en ellas y que nunca se desanimen. Somos luchadoras. El tema familiar lo tenemos muy arraigado y todavía queda mucho en ese aspecto, es cultural. A muchas mujeres les digo que hay tiempo. Yo fui al Congreso con mis hijos mayores. Nunca imaginé que iba a ir con casi sesenta años y he desarrollado una carrera de la que me siento muy satisfecha. Que no se desanimen, que si lo creen, lo van a conseguir.

En este momento de su vida, ¿qué le quita el sueño y qué te sigue emocionando?

El sueño me lo quitaría la enfermedad de un familiar. Y la satisfacción es haber hecho todo lo que he hecho. Lo volvería a hacer. Ha sido un trabajo duro, pero muy gratificante. La satisfacción personal no está pagada con nada. Ver a las personas bien y felices. Cuando a mí me dicen «gracias, María Dolores», es mi mayor satisfacción.

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