¿Es más importante conservar el patrimonio para dejarlo en herencia o utilizarlo para disfrutar de una vejez con mayor autonomía? Esta es una de las cuestiones que plantea el estudio nacional Vivir o dejar en herencia, elaborado por Qida, una empresa española especializada en el acompañamiento y la atención a personas mayores en el hogar, que revela un cambio en la manera de entender el ahorro y los bienes acumulados a lo largo de la vida. Según sus resultados, el 71% de las personas mayores y sus familias estaría dispuesto, total o parcialmente, a utilizar su patrimonio para financiar los cuidados necesarios que les permitan seguir viviendo en casa. Frente a ellos, un 29% muestra poca o ninguna disposición a hacerlo.
La preferencia por permanecer en el propio hogar es clara. Los participantes otorgan una puntuación media de 8,5 sobre 10 a la importancia de envejecer en casa, una valoración que aumenta cuando aparecen necesidades de apoyo. De hecho, el 85% de las familias con una persona mayor con Grado I de dependencia considera muy importante esta posibilidad, con puntuaciones de entre 8 y 10, frente al 70% de aquellas cuyos familiares no tienen reconocido ningún grado de dependencia.

El deseo de seguir en casa y el miedo a convertirse en una carga
Detrás de esta preferencia no solo está el deseo de conservar la independencia, sino también una preocupación que comparten mayores y familiares: el temor a que los cuidados acaben convirtiéndose en una carga física, emocional o económica para el entorno más cercano.
El estudio revela que el 69% de las personas mayores muestra una elevada preocupación por convertirse en una carga para sus familiares, con puntuaciones de entre 7 y 10. Una inquietud que encuentra su reflejo al otro lado: el 70% de las familias sitúa en ese mismo rango la carga física, emocional o logística que experimenta al gestionar los cuidados.
En este contexto, utilizar los propios recursos económicos para contratar servicios de atención en el hogar aparece como una alternativa para preservar la autonomía personal y evitar que toda la responsabilidad recaiga sobre los hijos.

¿Disfrutar del patrimonio o conservarlo para los hijos?
Aunque existe una predisposición mayoritaria a utilizar el patrimonio para financiar los cuidados, las opiniones están lejos de ser unánimes. El informe identifica tres grandes actitudes ante el envejecimiento y el destino de los ahorros.
El grupo más numeroso, que representa el 62% de los mayores encuestados, muestra una mayor disposición a movilizar su patrimonio para mantener su autonomía y bienestar. Por el contrario, un 25% prioriza su conservación, mientras que el 13% restante se inclina por buscar mecanismos de cobertura planificada para afrontar sus futuras necesidades.
Sin embargo, detrás de la decisión de conservar los bienes existen motivaciones muy diferentes. El estudio distingue dos perfiles dentro del grupo que prefiere proteger su patrimonio. El primero, denominado «guardianes del legado», representa al 10% de los encuestados y agrupa a quienes consideran sus bienes, fundamentalmente, una herencia destinada a las siguientes generaciones. De hecho, el 98% de este colectivo declara estar poco o nada dispuesto a utilizar sus ahorros para financiar cuidados en casa.
El segundo perfil, denominado «fragilidad en alerta», supone el 15% y responde a una realidad distinta: la vulnerabilidad económica. En este grupo, el 91% tiene ingresos inferiores a 1.500 euros mensuales, el 60% supera los 80 años y el 84% son mujeres. Todos sus integrantes manifiestan poca o ninguna disposición a utilizar su patrimonio para costear los cuidados.
Los datos ponen de manifiesto que conservar el patrimonio no siempre responde al deseo de dejar una herencia. Para quienes cuentan con ingresos reducidos, mantener sus bienes también puede representar una garantía económica frente a futuras necesidades.
Los hijos, divididos ante el uso del patrimonio familiar
La cuestión se complica cuando entran en juego las opiniones de los descendientes. Mientras que el 51% de los hijos e hijas está de acuerdo con que sus padres utilicen sus ahorros y patrimonio para financiar los cuidados que necesiten, un 32% preferiría que conservaran parte o la totalidad de esos recursos.
Esta diferencia de opiniones refleja la complejidad de una decisión en la que intervienen cuestiones económicas, emocionales y familiares. También pone sobre la mesa la importancia de abordar estas conversaciones antes de que aparezca una situación de dependencia.
«Durante mucho tiempo hemos entendido el patrimonio sobre todo como ahorro y como herencia. Este informe muestra que también puede ser una herramienta para decidir cómo queremos vivir cuando aparecen necesidades de cuidado», señala Oriol Fuertes, fundador y CEO de Qida.
El responsable de la compañía insiste en la conveniencia de reflexionar no solo sobre cuánto patrimonio se posee, sino también sobre la función que se desea darle durante la vejez, una conversación que, a su juicio, debería mantenerse en familia y con suficiente antelación.

Un estudio nacional con más de 600 entrevistas
El informe Vivir o dejar en herencia, elaborado por Qida en junio de 2026, analiza la relación de las personas mayores y sus familias con el patrimonio, la autonomía y los cuidados en el hogar.
La investigación combina una fase cualitativa con 20 participantes y una fase cuantitativa basada en 628 entrevistas online de ámbito nacional, realizadas a 324 personas mayores y 304 hijos e hijas. Según la ficha técnica facilitada por la compañía, el estudio presenta un margen de error de ±3,9% y un nivel de confianza del 95%.
Qida es una empresa española especializada en el acompañamiento y la atención a personas mayores en el hogar. Según datos de la propia compañía, desde su creación ha acompañado a más de 30.000 familias y colabora con administraciones públicas y entidades privadas en el desarrollo de modelos de atención domiciliaria.