José Luján: “Ahora soy libre” 

José Luján Alcaraz acaba de cerrar una de las etapas más intensas de su trayectoria profesional para embarcarse en un reto completamente distinto. Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, ha sido rector de la Universidad de Murcia entre 2018 y 2026 y anteriormente presidió el Consejo Económico y Social de la Región de Murcia (CES). Desde mayo ocupa la Secretaría General de la patronal regional de los empresarios, Croem, convirtiéndose en la mano derecha de su presidente, Miguel López Abad.

Por Concha Alcántara / Fotografías: María José Puche

José Luján Alcaraz es de esas personas inquietas que no paran. Lo admite él mismo entre sonrisas cuando habla de sus nervios y de esa necesidad constante de estar haciendo cosas. Acaba de cerrar una de las etapas más intensas de su trayectoria profesional para embarcarse en un reto completamente distinto. Ha sido rector de la Universidad de Murcia entre 2018 y 2026 y anteriormente presidió el Consejo Económico y Social de la Región de Murcia (CES) y fue secretario general de la Universidad Politécnica de Cartagena. Desde finales de mayo ocupa la Secretaría General de la patronal regional de los empresarios, Croem

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social y profundo conocedor de las relaciones laborales y del diálogo social, Luján inicia ahora una etapa muy diferente. Tras liderar una institución con más de 35.000 estudiantes y cerca de 4.000 empleados, pasa a convertirse en la mano derecha de Miguel López Abad, con quien ya coincidió años atrás en el CES. Su perfil es poco habitual en una patronal empresarial pero afronta el cambio con ilusión, sintiéndose más libre y motivado por comprobar hasta qué punto todo aquello que ha enseñado durante años en la universidad funciona también en la práctica. Una nueva responsabilidad que le sitúa, precisamente, en el terreno profesional que ha estudiado y explicado durante toda su vida. 

¿Cómo ha sido su aterrizaje en Croem? ¿Qué se ha encontrado al llegar?

Me siento bien, ilusionado. El aterrizaje está siendo tranquilo. Sé lo que es Croem. Conozco a Miguel, conozco a las personas que trabajan cerca de él y conozco a mucha gente que trabaja aquí desde mi etapa de profesor de Derecho del Trabajo y sobre todo en la época del CES, las aportaciones que llegaban desde Croem venían de personas que siguen estando aquí y cuyo trabajo conocía y valoraba. Creo que hay un equipo humano muy bueno, muy profesional, y una dirección muy clara, con un proyecto muy definido por parte del presidente. Se trata de subirme a un tren que ya está en marcha y ayudar en lo que pueda a ese proyecto al servicio de los empresarios de la Región. 

“Soy un teórico muy práctico. Pero es verdad que me faltaba la práctica verdadera y eso me estimula muchísimo. Comprobar si todo lo que teóricamente sé funciona realmente cuando lo llevas al terreno”

Cuando Miguel López Abad anunció que contaba con usted para este proyecto, fue una sorpresa para mucha gente. ¿También para usted?

Para mí también lo fue. Reconozco que me quedé bastante descolocado. Fue en verano y todavía me quedaban ocho o nueve meses de mandato como rector. Yo le dije que no podía anticipar el final de mi mandato. Y la respuesta fue inmediata. Me dijo: “Yo te espero”. Creo que es uno de los elementos que más contribuyeron a persuadirme para incorporarme al proyecto. Eso da mucha confianza. Además, le conozco desde hace años, especialmente de mi etapa en el Consejo Económico y Social. Era vicepresidente cuando yo era presidente. Conozco su manera de hacer, he visto su trayectoria en la Cámara de Comercio y conozco las ideas que tiene.

Su perfil es poco habitual para una patronal. ¿Qué le atrajo del proyecto?

Una vez terminado un mandato rectoral, podía seguir investigando, seguir impartiendo docencia o dedicarme a otras actividades vinculadas a mi especialidad. Incluso ejercer como abogado laboralista, algo que nunca he hecho. Lo que me atrajo es que Croem me coloca inmediatamente en el centro de lo que era mi actividad profesional como laboralista antes de dedicarme a la gestión universitaria. Los temas que estoy viendo aquí son los temas que explico en clase. Son los temas sobre los que he escrito. El absentismo, la negociación colectiva, el bloqueo de convenios, las relaciones laborales… es a lo que me he dedicado siempre.

¿Le preocupa el paso de la teoría a la práctica?

Muchísimo. Siempre he tenido una visión muy práctica del Derecho. He trabajado durante años con casos reales, con sentencias, con conflictos reales. Yo creo mucho en lo que se llama el Derecho vivo. Soy un teórico muy práctico. Pero es verdad que me faltaba la práctica verdadera y eso me estimula muchísimo. Comprobar si todo lo que teóricamente sé funciona realmente cuando lo llevas al terreno. Es uno de los grandes retos. Puede salir bien o puede salir mal. Tengo ilusión, pero también respeto. Mucho respeto.

¿Qué balance hace de sus ocho años como rector?

Como crecimiento personal ha sido una etapa extraordinaria. He vivido a muchísima velocidad, implicado 24 horas al día, siete días a la semana, conociendo a muchísimas personas en lo mejor y en lo peor. Nadie sale igual que entra después de ocho años al frente de una institución como la Universidad de Murcia, con cerca de 4.000 empleados, más de 35.000 estudiantes y un presupuesto superior a los 300 millones de euros. Esa experiencia te la llevas a cualquier sitio. Pero sobre todo te llevas la experiencia de vida, la que afecta a la persona.

“Durante esos ocho años sentí la opresión de la persona que está en deuda con muchísima gente”

¿Qué similitudes encuentra entre dirigir una universidad pública y coordinar una organización empresarial?

La posición es completamente distinta. Para ser rector tienes que pedir a la gente que confíe en ti. Yo siempre he sentido una relación de deuda con las personas que confiaron en mí. Durante esos ocho años sentí la opresión de la persona que está en deuda con muchísima gente. Porque todo el mundo, te haya votado o no, espera que le resuelvas su problema. Y cuando no eres capaz de resolver todos los problemas individuales aparece una cierta frustración. Esa es la posición de un rector. Aquí es distinto. Me veo como un profesional. Miguel ha confiado en mí porque valora mis aptitudes profesionales y yo vengo a desempeñar un trabajo. Las similitudes están en el trato con las personas, en la voluntad de ayudar, de resolver problemas, de unir y de buscar consensos. Eso forma parte de mi manera de entender el mundo. 

¿Entiendo que se siente más libre ahora que en su puesto anterior?

En el anterior puesto no me sentía libre. Ahora soy libre. Antes era esclavo de 4.000 empleados y de 35.000 estudiantes porque fui a pedirles que confiaran en mí. Cuando alguien te da la confianza de esa manera, te debes en cuerpo y alma. Siempre lo decía: es una especie de sacerdocio lo que se hace allí. Por eso nunca dejé de dar clase durante mis años de rector. Porque mi obligación primera se la debía a mis estudiantes. Muy pocas clases, pero seguía dándolas. Y voy a seguir haciéndolo. Si lo hice como rector, lo puedo hacer como secretario general de Croem. 

¿Cuáles serán sus prioridades durante el primer año?

Integrarme bien en la estructura de la organización. Yo siempre digo que soy el becario. Acabo de llegar. Lo primero es conocer bien cada departamento y aprender a trabajar en equipo. Y después está toda la estructura asociativa. Croem es una organización compleja. Son más de 60 asociaciones sectoriales y territoriales. Tengo que conocerlas, reunirme con ellas, escuchar qué necesitan y ver qué puedo aportar. Tenemos preocupaciones importantes: la situación geopolítica, la situación política, el absentismo por incapacidad temporal, la negociación colectiva y la necesidad de mantener un diálogo social basado en la confianza, la lealtad y la buena fe. 

¿Está funcionando el diálogo social en España y en la Región de Murcia?

Yo creo que el modelo de diálogo social que tenemos en España es ejemplar. Nace de la Constitución y de la responsabilidad asumida por organizaciones empresariales y sindicales para gestionar el conflicto que siempre existe en el mundo del trabajo. Porque el conflicto existe. Negarlo es no mirar la realidad. El diálogo social no significa ponerse de acuerdo en el primer minuto. Significa, sobre todo, ponerse de acuerdo en el desacuerdo. Esa es la clave. En la Región de Murcia hemos sido capaces de crear un ecosistema donde las relaciones laborales son maduras y responsables. Creo que fuera de Murcia se nos ha visto muchas veces como un ejemplo. La calidad de las personas que han protagonizado ese diálogo social durante décadas ha sido fundamental. Siempre ha existido una voluntad de acuerdo y una voluntad de servicio que creo que debemos seguir cuidando. 

“El diálogo social no significa ponerse de acuerdo en el primer minuto. Significa, sobre todo, ponerse de acuerdo en el desacuerdo”

¿Cómo valora la reducción de jornada planteada por el Gobierno?

Son medidas que persiguen el bienestar de los trabajadores y eso es legítimo. Pero tienen que ser compatibles con el sostenimiento de las empresas. Por eso creo que la regulación de cuestiones tan importantes como la jornada o el salario debe surgir del diálogo social. Lo que rechaza la patronal es que se adopten medidas de este tipo al margen de ese diálogo. 

¿La patronal es suficientemente flexible?

La flexibilidad se alcanza negociando, sentándose a la mesa, haciendo propuestas y cediendo donde cada parte tenga que ceder. Cuando una parte es inflexible normalmente es porque la otra también lo ha sido. La inflexibilidad nunca viene de un solo lado.

Imagen de José Luján / María José Puche.

Los datos macroeconómicos son positivos, pero muchos empresarios siguen transmitiendo preocupación.

Los datos son fríos. Dicen que hay crecimiento económico, que hay más empleo y que baja el desempleo. Pero existe una distancia cada vez mayor entre esos datos y el bienestar percibido por los ciudadanos. Lo ha señalado recientemente Antón Costas y aparece también en la memoria del Consejo Económico y Social. Hay empresarios que te dicen: “Cada vez me cuesta más levantar la persiana, cada vez tengo más dificultades y cada vez me cuesta más pagar salarios”. Y al mismo tiempo los datos macroeconómicos dicen que las cosas van bien. Entre esa realidad estadística y la percepción que tienen empresarios, trabajadores y ciudadanos hay algo que debemos analizar porque evidentemente existe un problema. 

¿Está aprovechando la Región de Murcia todo su potencial económico?

Yo creo que no. Tenemos que fortalecer la industria. Acaba de presentarse el plan industrial y es una buena oportunidad. Tenemos que resolver definitivamente el problema del agua. No puede ser que sigamos viviendo bajo la amenaza permanente del cierre del trasvase. Tenemos problemas energéticos. Si queremos más industria, necesitamos garantizar el suministro energético. Y tenemos problemas históricos de infraestructuras que siguen sin resolverse. No puede ser que el Corredor Mediterráneo termine en Valencia. No puede ser. Tampoco es normal que siga costando tanto venir a Murcia o que las frecuencias ferroviarias sigan siendo insuficientes para el desarrollo que queremos. 

“Si con poco son capaces de hacer tanto, imaginemos lo que podrían hacer si conseguimos remover obstáculos”

¿Qué mensaje le gustaría lanzar a los empresarios de la Región?

Lo primero es un mensaje de admiración. Me merecen el máximo respeto. La capacidad exportadora, la capacidad para generar empleo, para crear riqueza y para posicionar marcas demuestra que tenemos un tejido empresarial extraordinario. Y el mensaje sería muy sencillo: si con poco son capaces de hacer tanto, imaginemos lo que podrían hacer si conseguimos remover obstáculos. Recuerdo una frase de Tomás Fuertes que comparto plenamente: “No quiero subvenciones, quiero que me quiten obstáculos”. Esa es la clave. Croem tiene que seguir estando cerca de los empresarios para ayudarles a hacer lo que mejor saben: generar riqueza y empleo.



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