Abogado de profesión y empresario por vocación, Antonio Ruiz Pérez-Bermúdez ha construido su trayectoria en un territorio en el que confluyen el derecho, el deporte y los negocios. Especializado en Derecho Deportivo, su carrera le ha llevado desde el asesoramiento jurídico y su paso por el Real Murcia hasta la creación de RPB Legal y Sport Business World, un proyecto nacido en Murcia que ha ido ampliando fronteras y líneas de actividad. «Estar en Murcia no nos ha impedido ganar contratos y competir fuera», sostiene.
Ahora, mientras su empresa asume proyectos institucionales en comunidades como Baleares o Andalucía, Ruiz vuelve la mirada al lugar donde comenzó buena parte de esta historia. El próximo 5 de noviembre, Murcia acogerá la novena edición del Congreso Costa Cálida Región de Murcia Sport Business, con el campeón del mundo de fútbol Joan Capdevila entre sus protagonistas. Una cita que acerca al proyecto a su décima edición, que su fundador contempla como el cierre de un círculo.
Eres abogado, pero llevas casi dos décadas construyendo una trayectoria alrededor del deporte. ¿Cuándo descubriste que podía ser una oportunidad profesional?
En mi caso surgió por circunstancias personales. Mi padre murió cuando yo estaba en quinto de carrera. Pensaba opositar, pero perdí completamente las fuerzas y las ganas. Necesitaba recuperar la ilusión por algo. Se me ocurrió hacer un máster de Derecho del Deporte y Gestión Deportiva en Valencia. Y acerté. Hice las prácticas con el vicepresidente del club de fútbol de Castellón, que era asesor fiscal y abogado, y vi que aquello me gustaba. Cuando regresé a Murcia comencé una pasantía en un despacho y fui viendo el Derecho Deportivo como un ámbito en el que desarrollar mi carrera.

«Estar en el Real Murcia fue una de las experiencias profesionales más bonitas de mi vida»
Años después acabaste formando parte del Real Murcia. ¿Qué aprendiste de aquella experiencia?
Lo primero, la grandeza del Real Murcia. Entramos cuando el club estaba prácticamente muerto y, sin embargo, llamabas a una empresa para pedir ayuda y respondía; sacabas pulseras y la afición las compraba; acudías a los bancos y te abrían las puertas. Descubrí su enorme capacidad de atracción. Teníamos un diamante entre las manos, pero un diamante maltratado. Estar en el Real Murcia fue una de las experiencias profesionales más bonitas de mi vida. Y eso que cobré cero euros e incluso puse dinero. Pero lo hice por amor a mi tierra y por contribuir a que no muriera algo que forma parte de la ilusión de muchísima gente. Había días en los que pensabas que el club podía desaparecer. Yo no quería ser el secretario del Consejo de Administración que firmara la defunción del Real Murcia. Fueron dos años de muchísimo estrés, pero también de una satisfacción enorme.
¿Es rentable hoy ser propietario de un club de fútbol o pesa más el componente emocional?
Puede ser rentable si está bien gestionado y tienes la suerte de alcanzar el fútbol profesional. Y si llegas a la Champions League, entras en otra dimensión. Además, alrededor de la propiedad de un club aparecen oportunidades relacionadas con la intermediación de futbolistas, proyectos inmobiliarios, desarrollos urbanísticos y muchas otras actividades.
En 2017 decides crear Sport Business World. ¿Qué te impulsa?
Cuando salgo de Grupo Orenes en 2015 decido emprender y montar mi despacho. Junto a mi socio, Paco Cobacho, y la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia pusimos en marcha los Foros de Derecho del Deporte, que funcionaron fenomenal. Entonces un periodista deportivo me planteó por qué no hacía algo parecido fuera del ámbito académico, un congreso más abierto, como los que se celebraban en Madrid o Barcelona. Y decidí hacerlo.
«Organicé en Murcia el congreso al que yo habría viajado a Madrid, Barcelona o Bilbao»
Empezar algo así desde cero y desde Murcia no debió de ser sencillo.
Fue durísimo. Había que llamar a muchas puertas y existía mucha desconfianza. Pero necesitaba dar a conocer mi despacho y tenía dos opciones: invertir en publicidad o crear algo que aportara valor y a lo que yo mismo querría asistir. Así que organicé en Murcia el congreso al que yo habría viajado a Madrid, Barcelona o Bilbao. En aquella primera edición conseguimos nombres como Toni Nadal, Sergio Scariolo o Gaizka Mendieta, además de la selección olímpica de boxeo. Fue inolvidable.
¿Y económicamente funcionó desde el principio?
No. La primera edición tuvo pérdidas. Y como soy muy cabezón, me propuse recuperarlas en la segunda. Al principio fue bastante caótico. Hacíamos las cosas con muchísimo corazón y pasión; hoy seguimos teniendo esa pasión, pero con mucha más profesionalidad. En la segunda edición conseguimos equilibrar las cuentas.
Casi una década después, ¿qué balance haces?
Hubo un momento en el que sentí que había cerrado el círculo. Yo era un abogado que había creado un congreso deportivo en Murcia y un día llamó a la puerta del despacho un cliente al que no conocía personalmente: Sergio Scariolo. Necesitaba asesoramiento jurídico. Ahí piensas que todo aquel esfuerzo ha merecido la pena. El deporte no es un nicho cerrado. Es una industria muy potente, que tiene un peso económico importante y que demanda cada vez más profesionalización. Aquella apuesta que hice en 2005 por especializarme me ha permitido ejercer desde Murcia, competir con grandes despachos y crear un congreso por el que han pasado algunos de los deportistas más reconocidos de España. Ha costado muchísimo, pero hemos llegado a donde queríamos llegar.

«Intentamos que viniera Carlos Alcaraz, pero no pudo ser. Todos los años lo intentamos y vamos a seguir haciéndolo hasta que venga»
¿Te planteas llevar el congreso a otras ciudades?
Siempre. Ya tuvimos dos ediciones en Vitoria-Gasteiz, con muy buenos resultados, hasta que llegó la pandemia. También ha habido interés por llevarlo a Valencia, Madrid, Barcelona o Bilbao. Madrid es uno de nuestros objetivos.
La novena edición se celebrará el 5 de noviembre. ¿Qué puedes adelantarnos?
El programa está prácticamente cerrado y estamos pendientes de hacer públicos todos los nombres. Será una edición muy especial y seguimos intentando reunir perfiles de primer nivel del deporte. Te puedo adelantar que tendremos con nosotros a Eva Moral, como deportista paralímpica, y Joan Capdevila, para hablarnos de la primera estrella de la selección española de fútbol.
¿Hay algún deportista que se te resista?
Llevo detrás de Carlos Alcaraz desde 2019. Un año antes, el periodista Alberto Ramón Siles me dijo: «Antonio, tenemos al nuevo Rafa Nadal en la Región». Evidentemente, no se equivocó. En la segunda edición invitamos a Juan Carlos Ferrero e intentamos que viniera también Carlos, pero no pudo ser. Todos los años lo intentamos y vamos a seguir haciéndolo hasta que venga.
Además del congreso, habéis desarrollado los Aperitivos Deportivos con Estrella de Levante. ¿Cómo nació ese formato?
En plena pandemia. Queríamos mantener un contacto más habitual con patrocinadores, amigos y ponentes. Le propusimos a Estrella de Levante organizar pequeños congresos para grupos de entre 50 y 100 personas.
Queríamos que fueran personas con las que realmente te apeteciera sentarte a tomar un aperitivo, una cerveza y una marinera. Que hubiera humor, espontaneidad e interacción con el público. Funcionó desde el primero, con Mariano García y Nico Almagro. Los dos primeros ciclos fueron regionales y los tres últimos ya tienen ámbito nacional. Hemos estado desde la Fuensanta o Cartagena hasta Madrid o Almería.
«Cuando gestionas contratos de más de 100.000 euros, la responsabilidad y la exigencia son enormes»
El crecimiento os ha llevado incluso fuera del deporte, con proyectos como el Día de las Illes Balears o los Premios Vuela en Andalucía. ¿Cómo se produce ese salto?
Como abogados empezamos asesorando a clientes en licitación pública y, cuando adquirimos experiencia, comenzamos a presentarnos nosotros mismos. Todo lo aprendido con el congreso y los Aperitivos Deportivos nos permitió dar el salto al evento corporativo público. Hemos organizado una gala de emprendimiento en Elche, el Torneo Interpuertos de Cartagena, los Premios Vuela en Andalucía y los actos institucionales del Día de las Illes Balears, uno de los trabajos de los que más orgullosos estamos.
¿Qué significa para una empresa murciana que otra comunidad autónoma confíe en vosotros para un acto institucional de ese nivel?
Una responsabilidad tremenda. Se lo dijimos a la presidenta, Marga Prohens, en nuestra primera videoconferencia. Teníamos que captar la idiosincrasia de las islas sin ser de allí, entender lo que querían transmitir y conseguir que se sintieran representados. Llegamos con las reservas lógicas que puede generar una empresa de fuera. Conseguir que estuvieran satisfechos, que nos invitaran a volver a presentarnos y que durante aquellos días nos hicieran sentir como uno más, fue muy gratificante.

«Soy de Murcia y estoy encantado de serlo, mi empresa es murciana y mi equipo tampoco lo percibe como un problema»
¿Qué es más complicado: organizar un gran evento deportivo o un acto institucional?
Cada evento tiene su complejidad. En Cartagena lo pasamos realmente mal con el Torneo Interpuertos. Durante tres días había que trasladar deportistas a diferentes instalaciones, organizar comidas y cenas para unas 500 personas y coordinar multitud de proveedores. Pero desplazarte a Palma para organizar un acto institucional también supone una enorme responsabilidad. Había que transformar un edificio público, desarrollar una imagen que representara a todas las islas y ejecutar todo contrarreloj. Cuando gestionas contratos de más de 100.000 euros, la responsabilidad y la exigencia son enormes.
¿Has sentido que estar fuera de Madrid o Barcelona era una desventaja?
Lo asumo con la naturalidad de quien ha nacido aquí y quiere vivir aquí. Soy de Murcia y estoy encantado de serlo, mi empresa es murciana y mi equipo tampoco lo percibe como un problema. Hemos ganado juicios, contratos y licitaciones fuera. Al final es una cuestión de profesionalidad. La única desventaja que señalaría tiene que ver con las infraestructuras. Si tengo que estar en Madrid, salgo a las seis de la mañana, hago mi trabajo y regreso. Lo he hecho muchas veces.
«He sacrificado horas de deporte y con amigos para atender a mi familia, que para mí es lo más importante»
Tienes una vida profesional muy intensa. ¿Te cuesta conciliar?
Me costaba muchísimo. Antes de la pandemia llegaba a casa todos los días a las ocho y media o las nueve de la noche. La pandemia me hizo darme cuenta de que estaba haciendo muchas cosas mal. Aceptaba prácticamente todos los asuntos que llegaban al despacho. Ahora intento llevar siempre a mis hijos al colegio y recogerlos dos o tres tardes a la semana. Mi mujer también es empresaria y tiene las mismas necesidades profesionales y familiares que yo. He sacrificado horas de deporte y con amigos para atender a mi familia, que para mí es lo más importante. Se puede tener una carrera profesional exigente y estar presente en casa.
¿Y cómo consigues desconectar?
Si no saliera a correr o no hiciera deporte, creo que mi cabeza no podría funcionar igual. Lo necesito. También me gusta mucho el campo y la huerta. Nací en Churra y mis abuelos tenían allí una finca. Durante la pandemia descubrimos otro refugio familiar donde leo, duermo la siesta, salgo a correr por la Vía Verde… Es llegar y cambiar completamente el ritmo.
Después de todo lo que has construido, ¿con qué sueñas ahora?
Tengo una ilusión enorme por preparar la décima edición del congreso, en noviembre de 2027. Cuando empezamos nunca habría imaginado llegar a diez ediciones. También quiero que mi despacho siga creciendo como lo concebí: pequeño, especializado en deporte y entretenimiento, capaz de llevar asuntos relevantes a nivel nacional y competir con grandes firmas, pero manteniendo la cercanía y el cuidado al cliente. Y puedo decir que tengo un plan B, pero aún no puedo hablar de él.