A pocos pasos de la Catedral, en una discreta calle del centro de Murcia, late uno de los proyectos gastronómicos más personales y sólidos de la cocina murciana actual. Almo de Juan Guillamón no es solo un restaurante con Estrella Michelin, sino la expresión más íntima de un cocinero que ha convertido su trayectoria en una manera muy concreta de entender la gastronomía: técnica sin artificio, memoria sin nostalgia y producto sin máscaras.
El restaurante, anteriormente conocido como AlmaMater y rebautizado como Almo, representa la madurez profesional de Juan Guillamón, uno de los chefs más interesantes de la nueva generación culinaria regional. Su cocina habla de viajes, de aprendizaje y de raíces, pero sobre todo habla de identidad.

La historia de Guillamón no responde al recorrido habitual de los cocineros de alta cocina. Antes de ponerse al frente de su propio proyecto, abandonó sus estudios universitarios para marcharse a Londres, donde comenzó trabajando en las cocinas del Museo de Historia Natural. Aquella experiencia, que inicialmente parecía temporal, terminó convirtiéndose en el descubrimiento definitivo de su vocación.
Después llegarían algunas de las cocinas más importantes del país. Se formó junto a nombres imprescindibles como Arzak, El Portal de Echaurren, Calima o La Cabaña Buenavista, construyendo una base técnica impecable y una mirada abierta a diferentes maneras de entender la gastronomía. Su carrera también le llevó fuera de los restaurantes tradicionales: trabajó durante seis temporadas para el equipo Ferrari de Fórmula 1 y llegó a ser chef privado del embajador británico en España.

Toda esa experiencia internacional terminó aterrizando en Murcia en forma de proyecto personal. En 2019 abrió AlmaMater, un restaurante que muy pronto comenzó a llamar la atención de crítica y guías gastronómicas. Primero llegó el reconocimiento como finalista a Cocinero Revelación de Madrid Fusión y, poco después, el Sol Repsol y la Estrella Michelin.
Sin embargo, más allá de los galardones, lo que distingue a Almo es la coherencia de su propuesta. Guillamón no persigue el efectismo ni la cocina espectáculo. Su filosofía gira alrededor del sabor, del equilibrio y del respeto absoluto al producto local, aunque permitiéndose guiños a las cocinas y culturas que ha conocido a lo largo de su trayectoria. Michelin define su propuesta como una cocina mediterránea abierta al mundo, capaz de combinar raíces y contemporaneidad desde una mirada muy personal.

El propio chef resume esa filosofía como una cocina “impregnada de carácter”, donde conviven vanguardia y apego a las raíces murcianas.
En la mesa, esa visión se traduce en platos precisos, elegantes y profundamente reconocibles. La carta cambia según la temporada y el mercado, pero mantiene siempre una conexión evidente con el territorio. Pescados de lonja, verduras, fondos trabajados con delicadeza y recetas reinterpretadas desde la técnica aparecen en elaboraciones donde el sabor continúa siendo el centro de todo.
El espacio acompaña esa idea de cocina contemporánea sin excesos. Grandes cristaleras, líneas limpias y un ambiente sobrio y cálido crean un entorno pensado para que la experiencia gire alrededor del plato y del servicio, otro de los grandes pilares del restaurante.

Más allá del restaurante, Guillamón se ha convertido también en uno de los embajadores de la gastronomía murciana fuera de la Región. En los últimos años ha participado en acciones internacionales vinculadas a la marca “1.001 Sabores Región de Murcia”, llevando su cocina y el producto local a ciudades europeas como Oslo, Ámsterdam, Bruselas o Marsella.
Pese al reconocimiento nacional e internacional, el chef mantiene intacta una conexión muy emocional con la cocina tradicional murciana. En varias entrevistas ha reivindicado el valor sentimental de platos humildes y populares vinculados a la memoria familiar y a la cocina de siempre, demostrando que la alta gastronomía también puede construirse desde la emoción y el recuerdo.

Además, hace un año puso en marcha un servicio de catering para celebraciones y eventos, con el objetivo de trasladar de la forma más fiel posible la esencia de Almo a cada ocasión especial, manteniendo la misma filosofía, calidad y cuidado por el detalle que caracterizan al restaurante.
En un momento en el que muchos restaurantes buscan impresionar desde el exceso, Almo ha elegido un camino mucho más complejo: emocionar desde la honestidad. Y quizás ahí resida precisamente el secreto de Juan Guillamón, un cocinero que ha logrado convertir la técnica, los viajes y la experiencia en algo mucho más difícil de alcanzar: una cocina con alma.
Almo, la cocina con alma de Juan Guillamón
A pocos pasos de la Catedral, en una discreta calle del centro de Murcia, late…