Por Ana García Salvago
Cuando tenía 20 años una amiga de la Universidad me dijo que había conocido al amor de su vida pero que sabía que nunca iba a estar con él. El carácter premonitorio de aquella frase me ha dado mucho que pensar a lo largo de los años. Seguramente ella, que está felizmente casada y tiene dos hijas preciosas, no se acuerda de aquello que soltó después de un fin de semana en Granada cuando consideró que, con esa edad, a finales de los 90 y sin un duro, no era posible mantener un amor en la distancia. A mí, la sentencia se me clavó en el alma porque me pareció de lo más novelesco y me ha hecho plantearme muchas veces si de verdad estamos con el amor de nuestra vida.
En la serie ‘Machos Alfa’ se monta un lío considerable cuando alguno de los protagonistas le dice al otro que son el ‘hombre de su vida’, pero no ‘el amor de su vida’. ¿Cómo diferenciarlo? Yo creo que el amor de tu vida tiene algo de idílico, de imaginar una vida con una persona que en realidad no conoces mucho, pero con la que piensas que todo sería maravilloso, quizás porque es tu amor platónico, porque fuisteis pareja en el instituto o porque has depositado en esa persona cualidades extraordinarias que probablemente no tenga.
Me refiero a personas con las que la relación quedó en suspenso o se acabó por circunstancias de la vida, por no coincidir en el tiempo o por ser demasiado jóvenes, con quien quizás te has cruzado alguna vez, como los protagonistas del cuento de Benedetti ‘Puentes como liebres’, y que te iluminan el día si los ves en la cola del centro de salud. Relaciones con temas pendientes que se quedan agarradas por dentro. Eso pasa.
O antiguos compañeros de colegio que se reúnen en un 30 aniversario del centro, se encuentran con su ‘crush’ de la infancia, se ponen al día y acaban compartiendo casa. También pasa.
Un amigo mío dice que no perdería la oportunidad de estar con la que él piensa que es el amor de su vida si le surgiera la oportunidad porque no le gustaría morirse con la incertidumbre de saber qué hubiera pasado.
¿Y el hombre o la mujer de tu vida? Puede que se asemeje más a la persona que es hogar, que aporta seguridad y refugio, que es tu proyecto de vida, con la que creces como persona, construyes y compartes, algo tan difícil hoy en día donde todo es inmediato y reemplazable, incluso los vínculos, ya que cerca del 50 por ciento de las parejas se divorcian.
Seguramente es una idea menos romántica pero más real y práctica. Como dice la psiquiatra Marian Rojas, el enamoramiento es una elección y una decisión, hay que escoger con inteligencia y preguntarse si esa persona conviene y si comparte tus ideales y creencias, al fin y al cabo, si todo va bien, vas a compartir la vida entera.
Si el amor y el hombre-mujer de tu vida coinciden, enhorabuena.
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