Por Cristina Jáuregui.
En los últimos años hablamos mucho de amor propio, de aceptarnos, de gustarnos tal como somos. Y, sin embargo, muchas veces seguimos viviendo con una sensación constante de que algo falta. No necesariamente pensamos: “ya me gustaré más cuando…”, sino que sentimos que tenemos que llegar a algún lugar:
A ese logro.
A ese peso.
A esa versión mejorada de mí.
Vivimos con la idea —a veces muy silenciosa— de que cuando alcancemos eso que falta, nos sentiremos mejor, más tranquilas, al fin satisfechas. Y mientras tanto seguimos avanzando, pero sin parar a reconocer todo lo que ya somos hoy.
¿Y si el orden está invertido?
¿Y si no necesitas alcanzar algo para sentirte suficiente, sino sentirte suficiente para estar en paz contigo misma?
A veces ese simple cambio de perspectiva es un “click” profundamente transformador. Porque cuando dejas de relacionarte contigo desde la exigencia constante y empiezas a tratarte con respeto, algo se recoloca por dentro.
Tu diálogo interno cambia, ya no te hablas desde lo que falta, sino desde lo que ya eres. Y esa diferencia, aunque parezca sutil, lo modifica todo.
Cuando decides valorarte hoy —no cuando alcances esa meta, no cuando el cuerpo cambie— la presión empieza a bajar.
La autoexigencia pierde intensidad y empiezas a vivir desde un lugar más amable, más consciente.
Y eso se nota en tu energía y en tu forma de estar: ya no te mueves para demostrar, sino para disfrutar, y ya no persigues algo para poder validarte, sino que te sientes en paz contigo hoy.
Por lo tanto, el amor propio no debería ser consecuencia del éxito, sino la base desde la que merece la pena construir cualquier logro.
Pequeños pasos que transforman
No se trata de marcarte reglas ni seguir pasos rígidos, sino de pequeños cambios de perspectiva que transforman tu relación contigo misma.
Puedes empezar por cosas simples, casi como ejercicios de atención:
- Hablarte diferente
- Identificar la autoexigencia y reemplazarla por respeto y amabilidad
- Permitirte gustarte hoy, aunque no esté todo resuelto
- Reconocer lo que ya eres, todo lo que has logrado y la fuerza que te ha traído hasta aquí
Cada gesto de reconocimiento hacia ti misma, por pequeño que parezca, empieza a cambiar tu energía.
Empiezas a moverte desde la aceptación y no desde la exigencia; a mirarte con cariño; a ocupar tu espacio sin pedir permiso.
Y cuando eso ocurre, tu presencia se transforma: te sientes más segura, más poderosa, más tú.
Por lo tanto, la forma más rápida de sentirte bien contigo no es exigirte más, sino empezar a gustarte hoy, aquí y ahora.
Porque entonces, todo empieza a cambiar —por dentro y por fuera— y cada gesto, pensamiento y elección empiezan a reflejar esa seguridad y amor por ti misma.
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