“No hacemos vinos para impresionar, sino para acompañar momentos especiales”

Elena Pacheco, enóloga de Bodegas Viña Elena, defiende una mirada propia para contar el territorio a través del vino. Esta semana han recibido un Sol Repsol por su apuesta gastronómica con 'La Casa de los Abuelos'

En una bodega familiar, la historia no se guarda en un archivo: se pisa cada día en la viña. Elena Pacheco ha crecido entre cepas, decisiones agrícolas y conversaciones heredadas de generación en generación. Hoy, como enóloga de Bodegas Viña Elena, una bodega que va por la cuarta generación, asume el equilibrio entre continuidad y criterio propio, convencida de que el verdadero carácter de un vino nace en el campo. En sus vinos la monastrell no es solo una variedad, es una forma de explicar Jumilla. Esta semana han recibido un Sol Repsol por la apuesta gastronómica que han realizado como completo de la bodega con ‘La Casa de los Abuelos’.

¿Qué significa para ti formar parte de esa historia y, al mismo tiempo, darle continuidad desde una mirada propia? Para mí es una mezcla de orgullo y responsabilidad. Una bodega familiar es una forma de vida que se sostiene con acciones pequeñas y constantes, muchas tomadas en el campo antes que en la oficina, siempre respetando el trabajo realizado por nuestros predecesores, pero al mismo tiempo, tomando decisiones propias y acordes a las circunstancias de cada momento.

Elena Pacheco, arriba, junto a su hermana Emi. Abajo, la cuarta generación de la bodega: Fernando, Elena y María.

¿Qué te sigue fascinando de la monastrell? La monastrell es una variedad que no se entrega a la primera: hay que entenderla, escucharla y darle tiempo. Me fascina su capacidad de expresar el paisaje de secano, el sol y los suelos de aquí, y cómo puede ser elegante si la trabajas bien: vendimias medidas, extracciones suaves, madera con sentido y, sobre todo, viña equilibrada. Aún tiene mucho que decir porque estamos en un momento en el que buscamos identidad y autenticidad. Y solo esta variedad explica Jumilla de forma tan directa.

«El proyecto Bruma del Estrecho nos ha ayudado a contar Jumilla con más matices»

Bruma del Estrecho es uno de tus proyectos más personales. ¿Qué buscabas expresar con esta línea? Quería expresar una idea muy simple: mostrar los diferentes estilos de vino que puede dar la uva monastrell. Bruma del Estrecho nace de parajes concretos y de una viticultura muy pegada a lo que ocurre en la viña. Es una manera de hablar de origen, de suelos, y de la sabiduría que nos transmiten los viticultores mayores de la zona. Para la bodega ha supuesto un paso adelante: nos ha ayudado a contar Jumilla con más matices y a abrir conversaciones con gente que busca vinos con carácter e identidad.

¿Cómo influyen los parajes de Jumilla en tus decisiones como enóloga?

Influyen en todo. Aquí el clima manda y el secano te obliga a ser humilde: no puedes imponer un estilo, tienes que interpretar el estado del viñedo en cada momento. Cada paraje te marca el ritmo de maduración, incluso el tipo de crianza que puede asumir sin perder frescura. Mis decisiones como enóloga empiezan en la viña: cuándo intervenir, cuándo vendimiar para preservar equilibrio, etc… En bodega intento no estropear lo que el paraje ha construido.

«Disfruto cuando logramos contar bien lo que hacemos: cuando alguien entiende que detrás de una botella hay agricultura, riesgo y decisiones»

¿Qué parte de tu trabajo disfrutas más y cuál resulta más exigente? Disfruto muchísimo el trabajo de campo y el seguimiento de la viña. Y también disfruto cuando logramos contar bien lo que hacemos: cuando alguien entiende que detrás de una botella hay agricultura, riesgo y decisiones. Lo más exigente es sostener el equilibrio entre lo agrícola, lo técnico y lo empresarial en un contexto tan cambiante: sequías, costes al alza, incertidumbre comercial… y aun así mantener una línea clara, sin perder identidad ni compromiso con la calidad.

Esta semana habéis recibido un Sol Repsol por ‘La Casa de los Abuelos’, la propuesta gastronómica de la bodega. ¿Cómo surge el proyecto?

Antes de morir mi padre, hablamos de recuperar ese espacio, que era la casa de mis abuelos, el origen de todo, y poner en valor el trabajo de nuestros antecesores. Yo hice un Máster en Dirección de Empresas y mi trabajo fin de máster fue este, recuperar esa casa para terminar el recorrido con la bodega y generar un espacio gastronómico. Abrimos en 2022 y sin ninguna pretensión pero intentando mostrar ese estilo de vida que había en esa época, con una atención familiar y un ambiente tranquilo y agradable.

¿Y cómo habéis recibido este reconocimiento?

Imagínate, nos ha sentado muy bien. Esto es gracias a un equipo maravilloso y estupendo que tenemos en La Casa de los Abuelos, con Ana José García al frente, que es nuestra ‘chefa’.

¿Cómo es la propuesta gastronómica?

Es una cocina basada en las recetas que siempre hacía mi madre, totalmente tradicionales, pero actualizadas. Es tradición y vanguardia. Y el maridaje lo cuidamos mucho. Le damos muchas vueltas a todos los vinos que van a acompañar esos platos.

Como mujer al frente de una bodega, ¿has percibido cambios en el sector? Sí, se notan cambios. Hay más mujeres visibles en enología, viticultura, dirección y comunicación, y eso es muy positivo porque aporta diversidad real. Aun así, queda camino: no solo se trata de “estar”, sino de tener espacio para decidir y para que se reconozca el trabajo.

Cuando alguien descorcha una botella de Viña Elena, ¿qué te gustaría que sintiera o entendiera del proyecto y del territorio que hay detrás?

Me gustaría que pudieran hacer un viaje por nuestra zona, por nuestros parajes. Que entienda que detrás hay agricultura, familia y oficio; que no hacemos vinos para impresionar, sino para acompañar momentos especiales: una conversación, una comida.


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