Por Cristina Jáuregui.
Diciembre nos invita a revisar cómo queremos enfocar el nuevo año: metas, listas y proyectos. Pero a menudo olvidamos mirar hacia adentro: cómo nos hablamos, cómo nos cuidamos y qué necesitamos realmente para sentirnos bien y tomar decisiones conscientes.
También es un momento para mirar atrás y evaluar lo que hemos sostenido durante todo el año: hábitos, pensamientos, miedos o costumbres que nos limitan.
Porque lo que cargamos por dentro —la inseguridad, la exigencia, o el miedo a no ser suficientes— termina reflejándose fuera: en nuestra mirada, en nuestra postura, en la manera en que nos mostramos y nos relacionamos con los demás.
Por lo tanto, estamos en un momento perfecto para preguntarnos: ¿qué quiero dejar atrás para poder sentirme más libre, más segura y más en paz con lo que soy?
La carga invisible que influye en tu presencia
La ciencia lo confirma: la mente y el cuerpo están profundamente conectados. Nuestro diálogo interno y la percepción que tenemos de nosotras mismas influyen directamente en nuestra confianza, postura, mirada y forma de mostrarnos al mundo.
Cuando vivimos en exigencia o nos comparamos constantemente, el cuerpo se tensa y el sistema nervioso se mantiene en alerta. Imagina llegar a una reunión con tensión y dudas sobre ti misma: esa sensación interna se traduce en cómo caminas, cómo hablas y cómo te perciben los demás, incluso antes de decir una palabra. Y sin darnos cuenta, empezamos a habitar “el personaje” que intenta sostenerlo todo en lugar de la mujer que realmente somos.
La buena noticia es que podemos reconocer esta carga y así empezar a liberarla. Por ejemplo, cuando dejamos de compararnos con otros, nuestra postura se relaja y nos sentimos mucho más a gusto con nosotras mismas; cuando soltamos la necesidad de agradar constantemente, hablar se vuelve más natural y nuestra voz más firme.
Pequeños cambios internos se reflejan inmediatamente en la forma en que ocupamos nuestro espacio, cómo nos relacionamos y cómo nos sentimos con nosotras mismas.
Soltar para brillar
Decidir brillar no significa ser perfecta ni llamar la atención a toda costa. Significa soltar lo que no sirve: la necesidad de agradar, la inseguridad, la culpa por no cumplir expectativas externas o el miedo a no ser suficientes.
Cada carga que dejamos atrás nos libera, y nos empezamos a sentir más auténticas y más en paz, dejando espacio para una versión más consciente de nosotras mismas.
Cuando nos damos permiso para ser vistas como realmente somos, nuestra presencia cambia: nos sentimos más seguras, más confiadas, más coherentes con lo que somos. No siempre es fácil, pero cada pequeño paso hacia esa libertad interior tiene un efecto inmediato y profundo.
Este diciembre, no te prometas más listas ni metas. Prométete mirarte con más amor, tratarte sin tanta exigencia, y hablarte con cariño.
Decide qué cargas vas a dejar atrás para empezar el año más libre, más segura y más cómoda en tu propia piel. Lo demás vendrá solo.