Fotografías: Ana Bernal.
El 23 de febrero de 1981, cuando Antonio Tejero irrumpió armado en el Congreso de los Diputados, la fotografía de la Cámara reflejaba un hemiciclo eminentemente masculino: de los 350 escaños, solo 23 estaban ocupados por mujeres frente a 327 hombres, apenas un 6,6 % de representación femenina. En la actual legislatura, la situación es muy distinta: 152 diputadas ocupan escaño, lo que supone alrededor del 43% de la Cámara. La fotografía es otra.
El hemiciclo del Congreso de los Diputados ya no es aquel espacio casi exclusivamente masculino del principio de la democracia. La presencia femenina roza hoy la paridad y las mujeres ocupan puestos de responsabilidad que hasta hace no tanto eran impensables. El salto cuantitativo es evidente, pero la pregunta que sigue sobre la mesa es si esa presencia se traduce también en un cambio profundo en la forma de hacer política.
Desde bancadas ideológicamente enfrentadas, Mirian Guardiola, del Partido Popular, e Irene Jódar, del Partido Socialista Obrero Español, comparten algo más que escaño. Sus trayectorias, sus referentes y sus vivencias revelan diferencias, pero también coincidencias inesperadas. En este artículo recogemos sus experiencias, sus objetivos y su visión en torno a una exigencia desigual, la conciliación, la perspectiva de género y el tipo de liderazgo que hoy reclaman muchas mujeres en la esfera pública.
MIRIAN GUARDIOLA
Cuando Mirian Guardiola habla de política no lo hace desde la teoría, sino desde la experiencia acumulada en distintos niveles de responsabilidad. Antes de llegar al Congreso de los Diputados, fue parlamentaria en la Asamblea Regional y consejera en el Gobierno autonómico. Ahora, con dos años y medio en la actual legislatura, asegura que cada etapa le ha exigido una adaptación distinta y un aprendizaje constante.
Define su paso por la Cámara Baja como “muy bonita, muy positiva”, aunque reconoce que también se trata de “una legislatura muy complicada”. Su balance personal es positivo, aunque no idealiza el camino. “Yo creo que las mujeres siempre lo tienen más complicado, tenemos que trabajar, parece, el triple para demostrar que estamos ahí porque valemos, porque lo merecemos”, afirma. Una percepción que, asegura, no es exclusiva del ámbito político.

Esa exigencia añadida no solo tiene que ver con la preparación técnica o el desempeño público. También con las expectativas sociales. Guardiola señala que la carga doméstica y familiar sigue recayendo en mayor medida sobre las mujeres y que la corresponsabilidad real es todavía una asignatura pendiente. Por eso insiste en la necesidad de “educar en igualdad y practicar la corresponsabilidad, pero corresponsabilidad real”.
Su propia biografía ayuda a entender esa mirada. Es la cuarta de cinco hermanas y recuerda que en casa fueron educadas para ser independientes. “Yo tuve la suerte que mis padres nos educaron en ser mujeres fuertes, autónomas, independientes y en definitiva libres”.
En ese recorrido personal, los referentes han jugado un papel relevante. Cita a Clara Campoamor por su defensa del voto femenino en 1931 como un hito histórico que abrió puertas decisivas. Entre las líderes contemporáneas menciona a Roberta Metsola, Angela Merkel y Ursula von der Leyen, y en el ámbito nacional a Cayetana Álvarez de Toledo, Esther Muñoz e Isabel Díaz Ayuso. De todas ellas destaca la capacidad de liderazgo en entornos complejos y la determinación para sostener posiciones firmes.
También encuentra inspiración fuera de la política. La periodista Oriana Fallaci, a la que considera “una de las grandes periodistas del siglo” y “un referente de mujer valiente, comprometida”.
Guardiola subraya que la evolución de los derechos de las mujeres ha sido profunda, aunque relativamente reciente. Recuerda que “hasta 1975, por ejemplo, la mujer necesitaba licencia marital del marido”, una realidad que hoy resulta difícil de imaginar. Se han logrado avances importantes, afirma, pero aún quedan metas por conquistar.
Entre ellas sitúa la conciliación. Y el retraso de la maternidad y las dificultades que muchas mujeres encuentran para compatibilizar proyecto profesional y familiar. “A mí me gustaría que pudiéramos ser capaces de instrumentalizar políticas que no tuvieran que obligar a la mujer a elegir”.

En el terreno de los acuerdos transversales, defiende la necesidad de consensos amplios, especialmente en materia de violencia de género. “Creo que la violencia de género es un tema, vamos, para mí sagrado, y tenemos que ir todos a una”.
Desde su experiencia, el liderazgo femenino aporta matices propios. “Empatía, sensibilidad, escucha activa, resiliencia y cercanía”, enumera. No como rasgos excluyentes, sino como cualidades que enriquecen la toma de decisiones.
IRENE JÓDAR
Cuando en septiembre tomó posesión de su escaño en el Congreso de los Diputados, Irene Jódar sintió vértigo y privilegio a partes iguales. Su trayectoria política comenzó en 2019, cuando dio el paso en su Lorca natal y entró como concejala. El salto a la política nacional llegó tras su incorporación a la lista al Congreso con la salida de Francisco Lucas a la Delegación del Gobierno. “Me siento una privilegiada”, resume.
Los primeros meses exigieron adaptación. Pasó de trabajar con nueve compañeros en el ámbito municipal a integrarse en un grupo parlamentario de 120 diputados. “La acogida ha sido muy positiva”, asegura, aunque reconoce que el aprendizaje institucional, burocrático y protocolario ha sido intenso.

Antes de ocupar un escaño, Jódar fue periodista en una televisión comarcal y en La 7 Región de Murcia. Considera que política y periodismo son caminos paralelos, ambos ligados a la vocación de servicio y a la proximidad con la gente. Dar voz y conseguir resultados concretos forman parte de la misma motivación.
A pesar de la polarización que domina el debate público, Jódar defiende que la política sigue siendo una herramienta útil. Participó en la aprobación de la ampliación del permiso de paternidad, una medida cuya aplicación vivió de cerca por amigas que acababan de dar a luz. Esa experiencia personal reforzó su convicción de que el trabajo parlamentario tiene impacto real. “Aunque la gente tenga la política como algo muy denostado porque nos estamos peleando siempre, en realidad se llegan a acuerdos que nos benefician a todos”.
Defiende que las listas paritarias y el sistema “cremallera” han facilitado oportunidades, pero advierte que persiste una exigencia añadida. Las mujeres, sostiene, siguen teniendo que demostrar más su valía en entornos laborales y sociales mayoritariamente masculinos.
Para Jódar, la perspectiva de género es una obligación democrática. Si las mujeres representan la mitad de la población, esa mirada debe aplicarse de forma sistemática en las políticas públicas. “Los hombres no siempre perciben determinadas realidades porque no las han vivido. En las políticas que se están llevando a cabo, por supuesto que se tiene que aplicar la perspectiva de género”, sostiene. “Las mujeres vemos la vida de otra manera, tenemos una visión más profunda, y es importante ponerla en valor”, añade.
En el Congreso, asegura, existen relaciones cordiales y complicidades entre diputadas de distintos partidos. Más allá de las siglas, defiende que “entre mujeres creo que debe primar la sororidad porque todas estamos en la misma situación”, apunta.

Entre sus referentes menciona a Carme Chacón, cuya imagen pasando revista a las tropas embarazada cuando era ministra de Defensa supuso, a su juicio, un hito político y social. “Esa foto a mí me marcó políticamente y personalmente. Ella para mí es un ejemplo a seguir”, destaca. También cita a Angela Merkel y Jacinda Ardern, ex ministra de Nueva Zelanda. “Hace poco dio una entrevista en El País y me gustó mucho. Creo que ella ha dado un golpe en la mesa en el tablero internacional de la política”.
Reivindica la política como instrumento para ayudar y para alcanzar acuerdos que beneficien a la mayoría. Y, en su caso, hacerlo con la convicción de que la igualdad no es un eslogan, sino una tarea pendiente que atraviesa cada decisión.