Directiva, mentora, comunicadora y firme defensora del asociacionismo empresarial femenino, Lidia Monzón lleva tres décadas desarrollando su trayectoria profesional vinculada a la Universidad de Las Palmas, una experiencia que ha compaginado con una intensa labor de acompañamiento a empresarias, emprendedoras y mujeres directivas. Convencida de que el crecimiento profesional comienza muchas veces por una mirada hacia dentro, ha hecho de la inteligencia emocional, el liderazgo y el desarrollo personal algunos de los ejes de su trabajo.
Autora de El éxito, divina cuestión, defiende una concepción del éxito que comienza por el «ser» antes que por el «tener». «Generosidad, reconocimiento, humildad. Son términos poco utilizados en las relaciones empresariales pero que hacen mucha falta», asegura. Monzón ha participado en el I Encuentro Interterritorial de Asociaciones Empresariales de Mujeres, celebrado en la Región de Murcia, una cita impulsada por AMEPAP (Albacete), AEPA (Alicante), AMEP (Cartagena) y Colabora Mujer (Murcia) que reunió en Bodegas BSI (Jumilla) a 160 profesionales de los cuatro territorios en una jornada de networking, liderazgo y colaboración.
Has pasado las últimas tres décadas desarrollando tu carrera profesional como directiva en una institución como la Universidad de Las Palmas y, al mismo tiempo, has construido una trayectoria como mentora, comunicadora y referente del asociacionismo empresarial. ¿Qué te impulsó a salir de esa zona de confort y construir una voz propia?
El impulso me lo dio sentir que, con toda la formación que tenía y con mi experiencia profesional como directiva, podía aportar algo más. En Canarias detecté cierto vacío en el movimiento asociativo femenino y vi una oportunidad. No estaba sola: tuve la suerte de contar con un grupo de mujeres que me acompañó desde el principio. Tomamos como referencia a ASEME Madrid, la primera asociación de mujeres empresarias de España, que comenzó su andadura en los años setenta. Aquellas mujeres fueron auténticas pioneras y referentes para mí. Esa energía me parecía muy potente y quisimos trasladarla a Canarias.
«Me parece un hito que cuatro asociaciones se hayan reunido para compartir experiencias y pensar juntas en el camino que tenemos por delante como empresarias, emprendedoras y directivas»
Así nació ASEME Canarias, que ha experimentado un enorme crecimiento en apenas cinco años y ha participado también en congresos internacionales. Canarias ocupa una posición geográfica privilegiada, conectada con África, América y Europa, y eso nos ha permitido ampliar horizontes y conocer también el movimiento asociativo de otros lugares. Por eso me encanta lo que ha sucedido aquí. Me parece un hito que cuatro asociaciones se hayan reunido para compartir experiencias y pensar juntas en el camino que tenemos por delante como empresarias, emprendedoras y directivas.
¿Qué cambia en la trayectoria de una mujer cuando forma parte de una asociación empresarial?
Lo primero es el apoyo. Pero para mí, las asociaciones tienen que ayudar a las mujeres a crecer y a brillar. Mi propuesta siempre ha sido intentar conocerlas, saber cuáles son sus anhelos, qué quieren conseguir en su vida y cómo podemos apoyarlas desde la asociación. Por eso pusimos en marcha unos premios anuales en los que reconocemos valores como la solidaridad, la innovación o la trayectoria profesional. Se trata de ponerlas en valor y también de proyectarlas fuera, incluso internacionalmente, para que sean conocidas, participen en mesas redondas y puedan contar lo que hacen. Al final no se trata únicamente de hacer negocio y conseguir resultados económicos, que también. Se trata de que esas mujeres sean conscientes del valor que tienen.

¿Crees que una mujer puede crecer profesionalmente más cuando forma parte de una asociación?
Sin duda. Sigo creyendo muchísimo en el asociacionismo. Aunque también creo que las propias asociaciones debemos hacer una mirada interior y preguntarnos cómo podemos seguir aportando valor a las mujeres, no solamente en términos económicos, sino también personales. Tenemos que crear espacios donde puedan expresarse, contar sus historias y ser reconocidas. En Canarias, por ejemplo, hicimos dos libros. Uno recogía las trayectorias de 50 empresarias consolidadas y otro reunía 25 proyectos de mujeres emprendedoras que estaban comenzando. Eso también es ponerlas en valor: dejar constancia de sus historias en libros que permanecen.
«Nosotras mismas somos nuestro propio escalón a superar. No hablaría únicamente de techos de cristal; en ocasiones parecen casi techos de cemento. Hay algo muy ancestral»
Hablas mucho de inteligencia emocional aplicada al liderazgo. En una empresa real, con problemas de facturación, conflictos o dificultades del día a día, ¿cómo se traduce esa inteligencia emocional en resultados concretos?
Precisamente en esos momentos es cuando hay que poner la mirada en la inteligencia emocional. En el fondo tiene que ver con una misma: preguntarte cómo has llegado a esa situación, qué ha ocurrido y qué puedes hacer.
Hay que realizar una revisión personal porque existen muchos aspectos que, en ocasiones, no hemos mirado, trabajado ni observado. Mi papel consiste en ayudar a hacer esa observación y proporcionar herramientas para que, a partir de ahí, puedan avanzar también en el terreno empresarial. Porque muchas veces observo que la falta de facturación tiene más que ver con la propia persona que con el negocio, el producto o el servicio. Puedes tener un producto magnífico o una idea maravillosa, pero también hay que trabajar contigo misma. Por supuesto que necesitas redes, marca personal y estrategia, pero también preguntarte: ¿de dónde vienes?, ¿qué sabes de ti misma?, ¿te conoces?, ¿cuáles son tus detonantes?, ¿qué relación tienes con el dinero?, ¿qué piensas y qué sientes respecto a él? Cuando lo que pensamos y lo que sentimos no están alineados, pueden aparecer dificultades.
» Existe un camino interior que recorrer para conseguir también determinados resultados empresariales»
Estamos hablando casi de un proceso terapéutico aplicado al ámbito empresarial.
Hay una parte que necesariamente tiene que ser personal. Existe un camino interior que recorrer para conseguir también determinados resultados empresariales. Las mujeres, históricamente, no hemos tenido tan incorporada la cultura empresarial como los hombres. Yo soy hija de empresarios y para mí ha sido más fácil porque he visto ese modelo en casa: el servicio, el trabajo, la generosidad… Pero hay mujeres que no han tenido esa información en su entorno y, de repente, se lanzan a emprender. Por mi experiencia, siento que hay una parte del trabajo con las personas que necesariamente tiene que mirar hacia dentro.
Después de acompañar durante años a empresarias, emprendedoras y directivas, ¿qué patrón se repite entre mujeres con talento y preparación que, sin embargo, no terminan de dar el paso hacia puestos de liderazgo?
Creo que muchas veces nosotras mismas somos nuestro propio escalón a superar. Ya no hablaría únicamente de techos de cristal; en ocasiones parecen casi techos de cemento. Hay algo muy ancestral. Históricamente, las mujeres hemos estado vinculadas al cuidado y, de repente, tenemos que salir de ese espacio para decir «Quiero liderar más, quiero llegar arriba». Hay mujeres que quieren hacerlo y otras que prefieren disponer de más tiempo para su familia, su entorno o para ellas mismas porque consideran que determinados puestos se lo impedirían. Y esa también es una decisión legítima.
Pero existe otra cuestión: muchas mujeres no se sienten suficientemente preparadas cuando tienen currículos impresionantes. Ahí aparece el síndrome de la impostora. Un hombre puede presentarse a un puesto aunque le falte algún requisito. Nosotras, en cambio, tendemos a pensar: «Me falta este conocimiento», «todavía no estoy preparada». Y desde ahí, evidentemente, cuesta más avanzar. Por eso digo que muchas veces nosotras mismas somos ese escalón que debemos superar.

¿La autoconfianza sigue siendo entonces uno de los grandes retos?
Es nuestro propio reto. Tenemos que competir con nosotras mismas cada día. También es cierto que el mundo, en muchos ámbitos, sigue siendo fundamentalmente masculino. Tenemos una legislación que nos ampara y hemos avanzado muchísimo, pero la realidad que vemos demuestra que todavía queda camino por recorrer.
«Muchas veces estamos demasiado enfocadas en el tener porque vivimos en una sociedad muy competitiva. Por eso hay que detenerse y mirar hacia dentro»
En tu libro El éxito, divina cuestión investigaste precisamente qué entendemos por éxito. Después de estos años y de conocer a tantas personas con trayectorias destacadas, ¿ha cambiado tu propia definición?
No, sigue siendo la misma. Creo que no me equivoqué cuando hice aquella investigación con personas de alto poder adquisitivo y mucho talento. Algunas continúan formando parte de mi entorno y sigo pensando que el valor más importante está en el ser. La pregunta es: desde lo que eres, ¿qué haces con lo que eres? Y después llegará el dinero. Sin embargo, muchas veces estamos demasiado enfocadas en el «tener», porque vivimos en una sociedad muy competitiva en ese sentido. Por eso hay que detenerse y mirar hacia dentro: ¿qué valores tienes?, ¿qué te mueve?, ¿qué te apasiona?, ¿cuáles son tus sueños? Cuando una empresaria nace de ese proceso, creo que parte de una posición mucho más sólida. La secuencia sigue siendo la misma: ser, hacer y tener.
¿Qué tres libros recomendarías para que otras mujeres consigan esa trayectoria que propones?
Hay muchos pero recomiendo estos: ‘La ciencia del lenguaje positivo’, de Luis castellano; ‘Mujeres de África’ y ‘Las damas de Oriente’, de Cristina Morató. Y también mi propio libro ‘El éxito, divina cuestión‘, que se puede descargar gratuitamente en mi página web.
También has hablado mucho del fracaso. ¿Hay algún fracaso concreto de tu trayectoria del que hayas aprendido especialmente?
Hay muchos, evidentemente. Si tuviera que pensar en uno reciente, quizá sería no haber sabido gestionar adecuadamente una determinada situación dentro de un equipo de trabajo, con una persona a la que podríamos considerar tóxica. Mirándolo desde mi posición como directiva, quizá tendría que haber sido capaz de verlo de otra manera y gestionar la situación de forma diferente. Pero no hubo tiempo porque aquella persona decidió marcharse. Son situaciones que también te hacen aprender.
«Considero muy importante contar con alguien que te acompañe, un mentor. Yo misma los he tenido y son quienes te ayudan a salir de tu zona de confort y te orientan»
¿La gestión de personas es una de las partes más complicadas del liderazgo?
Sin ninguna duda. Puedes tener presupuesto para desarrollar acciones, estrategias y proyectos, pero la clave está en las personas. Vivimos además en un mundo en el que la atención está tremendamente fragmentada. Nos cuesta detenernos, mirar y escuchar realmente a los demás, cuando precisamente ahí está una de las claves. Tenemos que volver a las personas, a la mirada y a la escucha.

¿Qué queda todavía por hacer para mejorar la posición de las mujeres en el emprendimiento, la empresa y la dirección?
Estamos muy formadas, pero siempre podemos seguir avanzando en ámbitos como la gestión económica, la gestión de procesos, la inteligencia artificial, la automatización o los datos. Pero, junto a esa formación, considero muy importante contar con alguien que te acompañe, como un mentor. Yo misma los he tenido y son quienes te ayudan a salir de tu zona de confort y te orientan. Es algo que todavía no está suficientemente interiorizado en el mundo empresarial. A veces pensamos «Yo no necesito eso». Pero sí puede ser muy útil porque, una vez más, tienes que empezar mirándote a ti misma. Y también es importante ver qué puedes aportar tu a otras personas, no solo qué puedes ganar. En una ocasión me sorprendió encontrarme rodeada de mujeres directivas que no tenían ninguna intención de participar en la sociedad ni en movimientos asociativos. Su tiempo estaba completamente volcado en el trabajo. Y creo que ahí perdemos la capacidad y la experiencia de muchas mujeres que podrían resultar inspiradoras y ayudar a otras.
Hablas, por tanto, de la necesidad de devolver a la sociedad parte de lo que hemos recibido.
Claro. Lo que hacéis desde una revista, por ejemplo, puede servir de inspiración para otras personas. Yo intento hacerlo desde un escenario o desde la formación. Creo que tenemos que devolver a la vida parte de la fortuna que supone poder dedicarnos a aquello que queremos.
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