MUHER firma una sardina monumental y en movimiento para el 175 aniversario del Entierro de la Sardina

El estudio murciano convierte el catafalco oficial en una pieza de arte efímero, color e ingeniería pensada para vivir y arder con la fiesta

Hay obras que nacen para permanecer y otras que encuentran su sentido precisamente en desaparecer. El nuevo catafalco oficial del Entierro de la Sardina de Murcia, creado por el estudio murciano MUHER, pertenece a esa segunda categoría, aunque con un matiz importante: incluso después del fuego, dejará huella.

Con motivo del 175 aniversario de la gran fiesta popular murciana, el estudio dirigido por Manuel Herrera y Francisca Muñoz ha diseñado una pieza de gran formato en la que conviven escultura, pintura, diseño e ingeniería. El resultado es una sardina monumental, que ya se puede contemplar en la Gran Vía, articulada y en movimiento, concebida no solo como elemento festivo, sino también como una propuesta artística integrada por completo en uno de los rituales más icónicos de las Fiestas de Primavera de Murcia.

Francisca Muñoz y Manuel Herrera, durante la presentación del catafalco en la Sala de Catas de Estrella de Levante.

Una sardina que se mueve y mira

El gran protagonista del conjunto es, cómo no, una sardina de diez metros que no se limita a presidir el desfile: se mueve. La pieza ha sido construida como una escultura cinética articulada, elevada sobre un mástil central rotatorio que le da vida durante el recorrido.

No se trata de un mero efecto visual. Detrás hay un trabajo técnico importante, con motores, cojinetes de precisión e iluminación integrada que permiten que la figura mantenga ese movimiento constante hasta el momento de la quema. Incluso los ojos de la sardina, iluminados y articulados, refuerzan esa sensación de presencia casi teatral.

El mástil sobre el que se eleva la pieza asciende en espiral y va incorporando los números 1, 7 y 5, en alusión al aniversario que se conmemora este año, junto a estrellas de mar en colores vivos que refuerzan el carácter festivo del conjunto.

Del mar al fuego

La base del catafalco, concebida como una gran corona escultórica, está recubierta de formas marinas, espirales y estrellas de mar que evocan el movimiento del océano. A partir de ahí, la composición evoluciona visualmente hacia el fuego, en un guiño directo al sentido simbólico del Entierro de la Sardina.

Ese tránsito del agua a las llamas no es casual. De algún modo, resume el espíritu de la fiesta: la vida, la celebración, el exceso y, finalmente, la despedida. La sardina nace del mar, pero termina consumida por el fuego. Y en esa contradicción —tan festiva como poética— se apoya buena parte del discurso visual de la obra.

Color sin complejos

Si algo define a esta pieza a primera vista es su apuesta por el color. MUHER recurre aquí a una paleta muy ligada al universo visual del Entierro de la Sardina, con tonos fluorescentes y eléctricos como el verde lima, el rosa fucsia, el naranja intenso, el azul o el amarillo neón.

Lejos de ser un simple recurso decorativo, el color funciona como una declaración de intenciones. La obra abraza sin complejos el lenguaje de la fiesta, la exageración, la alegría y la energía visual que caracteriza esta celebración murciana. Y lo hace desde una estética muy reconocible dentro del trabajo del estudio, que ha desarrollado una trayectoria con fuerte personalidad dentro y fuera de la Región.

Una obra pensada también desde la ingeniería

Más allá de su dimensión artística, el catafalco es también una pieza compleja desde el punto de vista técnico. Todo su sistema estructural ha sido diseñado para soportar el movimiento de la sardina durante el desfile y resistir hasta el instante final de la quema.

Ahí es donde esta obra introduce uno de sus elementos más interesantes: no todo desaparecerá entre las llamas.

Lo que queda tras arder

Uno de los aspectos más singulares del proyecto es que, una vez consumida la parte exterior de la sardina, quedará visible su estructura interna: un esqueleto metálico articulado que ha sido concebido como parte esencial de la pieza, no como un simple soporte oculto.

Ese armazón, de gran complejidad técnica, se convertirá después en un elemento conmemorativo permanente y será instalado en una rotonda de la ciudad como recuerdo del 175 aniversario del Entierro de la Sardina.

Con este proyecto, MUHER no solo firma uno de los elementos más llamativos de la edición de este año, sino que propone una lectura más artística y contemporánea de una tradición profundamente arraigada en la ciudad. Una sardina que baila, brilla y arde, sí, pero que también deja memoria.

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